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jueves, 2 de abril de 2009

De nuestro conocimiento y habilidad dependerá la salud futura de la población

La influencia y riesgos que puede producir en un paciente una dosis radiológica en estudio diagnóstico o terapéutico es una idea inducida y deducida que tomamos desde el inicio de nuestra formación profesional. Las diferentes variantes y modernidades que se han avanzado sobre las imágenes tomográficas no pueden cegarnos sobre un hecho: obtenemos más y mejores imágenes, pero es posible que sobre un coste de más dosis de radiación.
De hecho, los laboratorios y empresas científicas que han abordado desde hace 20 años las evoluciones de los TAC hacia TC (en otro momento venidero abordaré con más extensión la defensa de decir TC - tecé - mejor que TAC - tac-) han reducido sensiblemente los tiempos de prueba, la calidad de imágenes tomográficas reconstruidas, el formato de ubicación del paciente, la variabilidad de protocolos.
La evolución tecnológica ha invitado - por obligación -  incluso a una mayor dedicación de los TER/TSID hacia este aparato, ya que en muchas Unidades de Imagen para el Diagnóstico o de Radioterapia se ha condicionado el sistema de turnos para que los profesionales Especialistas desarrollen y dominen las técnicas procedimentales.
Las evoluciones tecnológicas de la adquisición de imágen médica tomógráfica están enfocadas, después de las mencionadas ventajas generacionales, a reducir dosis para el paciente. Pero tardarán más tiempo, por ejemplo del empleado en ampliar los sistemas y números de detectores, que en reducir los milisievert que los estudios de TC suman a un organismo humano.
En el siguiente enlace de DiarioMédico encontramos que según un estudio publicado en la revista Radiology, los pacientes que han sido sometidos a numerosas tomografías computarizadas (TC) podrían tener un riesgo incrementado de cáncer.
Esto ya lo sabíamos. Y por eso somos, intuyo y me apoyo en la Ética Profesional, más cuidadosos en no dar un corte ni una proyección gratis. Ni una.