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jueves, 13 de junio de 2013

La Resonancia Magnética detecta primeros efectos de la quimioterapia en corazones de niños


Pruebas de Resonancia Magnética (IMR) de niños que han recibido quimioterapia pueden detectar cambios tempranos en su corazón, según la investigación de BioMed Central, revista de acceso abierto en Diario de Resonancia Magnética Cardiovascular (Journal of Cardiovascular Magnetic Resonance)

La quimioterapia con antraciclinas, tales como doxorrubicina, es uno de los tratamientos más eficaces contra muchos tipos de cáncer, incluyendo leucemia y el linfoma de Hodgkin, cáncer de mama, de pulmón, y cáncer de ovario. Sin embargo, también puede conducir a un daño irreversible del corazón, que puede no ser evidente hasta varios años después del tratamiento. Ser capaz de detectar este daño en una etapa temprana, a fin de iniciar la terapia preventiva de las personas afectadas, es especialmente importante en los niños.

Por eso, investigadores de la Universidad de Alberta realizaron pruebas de Resonancia Magnética a  niños y jóvenes (7 a 19 años) en el Hospital de Niños Stollery que estaban en remisión después del tratamiento con antraciclinas. Ellos encontraron que eran capaces de identificar cambios en el músculo del corazón relacionada con formación de fibrosis, utilizando un método de resonancia magnética emergente llamada mapeo T1, incluso en los niños cuya función corazón era aparentemente normal por ultrasonido.

Al explicar con más detalle, el estudio financiado por la Mujer y el Instituto de Investigación de Salud Infantil dirigido por el Dr. Edythe Tham y el Dr. Richard Thompson dijo: "En los sobrevivientes de cáncer infantil, los cambios de MRI se relacionaron con dosis de antraciclina administrado a hijos. Estos cambios también se reflejan por el adelgazamiento de la pared del corazón y una reducción en la capacidad de ejercicio. Al detectar estos cambios temprano, sólo podemos esperar que futuras investigaciones usando estas técnicas puede guiar a la identificación temprana y el tratamiento en un intento de retrasar la aparición de daño cardíaco en los niños que han sobrevivido al cáncer ".

Fuente: Science Daily